domingo, 22 de marzo de 2015

El mercurio, un monstruo dormido en Antioquia



Entre el espeso calor, la naturaleza apabullante y los búfalos que recorren las coloridas praderas de la región del Bajo Cauca, persiste uno de los negocios más fructíferos de los últimos tiempos, el oro. Pero también crece una peligrosa cuenta de cobro: el mercurio, con más de 100 toneladas de este venenoso metal que caen a los ríos de Antioquia cada año.
Son 520 toneladas que han llegado importadas desde 2009, desde países comoMéxico, Alemania, España, Estados Unidos y Países Bajos. En su mayoría por empresas localizadas en Medellín. Y que terminan en una buena parte en más de 1.500 minas y en 13 ríos de Antioquia, afectando la salud de más de un millón de personas en 16 municipios del Bajo Cauca, Suroeste, Nordeste, Occidente y Magdalena Medio antioqueños.
En el corazón del Bajo Cauca
Cuando llegas al Bajo Cauca, las montañas se esfuman y una naturaleza tropical comienza a cubrir el paisaje. El calor y la humedad se te pegan a la piel y las haciendas ganaderas con prados de mil colores se roban el panorama. En las ciénagas se aprecian búfalos y pescadores que tiran de sus redes, como si fueran parte de una pintura.
Es una región costeña, con gente dicharachera, que come pescado y vive al son del vallenato. Su cultura y economía dependen más de Córdoba que de Antioquia. “El del Bajo Cauca es media arepa. Nos gusta la bandeja paisa, pero también el mote de queso”, dice Eduardo Arias, un minero fuerte, de humor fino y de facciones camaleónicas.
Eduardo es propietario de la mina Las Palmas, en Caucasia, ubicada en una hacienda de 300 hectáreas que con 60 trabajadores, cinco retroexcavadoras y cuatro volquetas trabaja como una empresa los 365 días del año. La hacienda está dividida en dos, una tercera parte para la minería de oro de aluvión y el resto para la ganadería.
“Mi socio, al que le arrendé esta finca, es ganadero. Yo le he dicho que eso ya no es negocio. Que la ganadería deja 500.000 al año por cabeza y la minería mucho más. El mismo narcotráfico es huevo al lado de esto. El oro es legal y deja ganancias del 1.000 por ciento”, indica Eduardo, mientras recorremos el extenso verde de su hacienda.
En 1987, Eduardo era un auxiliar contable y un desempleado más que no encontraba trabajo en Medellín. “Un día que estaba repartiendo hojas de vida un amigo me invitó a trabajar como contador en una mina en El Bagre y para allá me fui. Me di cuenta lo que dejaba este negocio y monté una mina en Puerto Claver, de allá me sacó la guerrilla y me quebré. Terminé en el Chocó donde sí me fue muy bien y gané buena plata, luego me vine para Caucasia”, afirma Eduardo.
A la mina de Eduardo se llega por caminos de lodo y montículos que dejan a su paso las retroexcavadoras y volquetas que mueven toneladas de tierra desde los frentes de explotación, hasta los entables mineros donde se selecciona el oro. Entre uno y otro lugar, hay zonas devastadas y desérticas, valles de un verde vivo, hasta terrenos reforestados que se ven como una colcha de retazos.
La mina está ubicada al frente del Batallón Rifles de la Brigada 11, en Caucasia. Al frente de este Batallón está la casa donde duermen los trabajadores de la mina. Una casona de estilo llanero, dividida en una primera zona al aire libre donde queda ubicada la cocina y el comedor; una segunda donde duermen los mineros en habitaciones con aire acondicionado; y una tercera que es el laboratorio donde queman la amalgama, que es la mezcla de oro con mercurioque se recoge en los entables.
El mercurio se echa por la mañana y por la noche. En el cambio de cada turno a las 6:00 de la mañana y a las 6:00 de la tarde se echan unas 20 libras de mercurio. Luego se recoge todo esa amalgama que queda y se trae hasta este laboratorio donde se sopletea”, afirma José Heriberto Sinitabe, minero y almacenista de combustible en Las Palmas.
En el entable, ubicado a unos cuantos kilómetros de la entrada principal, hay unos seis mineros. Dos de ellos trabajan con unas poderosas mangueras que limpian las toneladas de tierra que caen a los canales de las volquetas. Otro se ocupa de retirar las piedras que se acumulan en los canales y que impiden el paso del material. Y un cuarto minero como Sinitabe que se encarga de aplicar el mercurio.
Los mineros aplican el mercurio sin ningún tipo de protección, sin guantes ni mascarilla que impidan el contacto con la piel o que se respire luego de su evaporación. El metal se riega en la parrilla de clasificación usando un trapo y este se acumula en la superficie de la parrilla, atrapando todo el oro que recorre los canales. A los tres días se detiene la producción y el metal se recoge, igualmente, sin ninguna protección, pero convertido en amalgama, la mezcla de mercurio con el oro atrapado. Una gran parte del metal se va en las aguas de ríos y quebradas. (Así usan el mercurio los mineros de Antioquia)
Eduardo sabe todo sobre el uso del mercurio y es de los pocos mineros en Antioquia que está presto al cambio de métodos para erradicarlo, por lo que es considerado un conejito de indias para el Proyecto Global del Mercurio. “Es una de las seis minas en Antioquia que está disminuyendo el consumo de mercurio y una de las 15 que reforesta los terrenos explotados”, comenta Oseas García, coordinador de Bioredd, un proyecto de la Usaid para reducir las emisiones de mercurio.
Oseas es un investigador de 56 años de raíces brasileñas, de barba en candado y de hablar pausado. Lleva más de cuatro años radicado en Antioquia liderando la lucha contra el mercurio. Vive en Caucasia y sufre los problemas del Bajo Cauca y Nordeste antioqueños como nadie. Es un héroe de causas imposibles, de los que hacen su tarea y creen que las cosas pueden cambiar.
El mercurio está actuando como un monstruo dormido en el Bajo Cauca. A la gente de estas regiones no les importa porque es un problema a 30 años. Aquí no hablan de alguien muerto por un problema de mercurio. Pero se encuentran personas muy afectadas. En Caucasia, por ejemplo, hay un comprador de oro que dice tener disfunción eréctil y por pruebas sabemos que es incapaz de caminar en línea recta o hacer una raya en un papel”, comenta Oseas.

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